La seguridad siempre fue un motivo de preocupación con la tecnología Wi-Fi, debido a que se movió el límite de la red. Las señales inalámbricas pueden trasladarse a través de la materia sólida, como los techos, los pisos, las paredes, fuera del hogar o de la oficina. Sin medidas de seguridad estrictas, instalar una WLAN equivale a colocar puertos Ethernet en todas partes, incluso en exteriores.

Para abordar las amenazas relacionadas con mantener alejados a los intrusos inalámbricos y proteger los datos, en un principio se usaron dos características de seguridad:

Si bien estas dos características pueden disuadir a la mayoría de los usuarios, la realidad es que ni el ocultamiento del SSID ni el filtrado de direcciones MAC podrían disuadir a un intruso hábil. Los SSID se descubren con facilidad, incluso si los AP no los transmiten por difusión, y las direcciones MAC se pueden suplantar. La mejor manera de proteger una red inalámbrica es usar sistemas de autenticación y cifrado, como se muestra en la figura 1.

Se introdujeron dos tipos de autenticación con el estándar 802.11 original:

En el gráfico de la figura 2, se resumen los distintos tipos de autenticación.